EL VOTO DEL DOMINGO Y LOS RETOS DEL FUTURO
Si bien el pesimismo es una característica de muchos peruanos, en particular cuando nos referimos a la política, en esta elección parece haber cobrado una mayor incidencia, dadas las alternativas que elegimos para la segunda vuelta electoral.
Como bien lo expuse en su debido momento, en la primera vuelta voté por Susana Villarán para la Presidencia de la República, pues consideraba (y aún considero) que ella representa un verdadero cambio responsable para nuestro país, que nos permita consolidar nuestro crecimiento económico, reducir las brechas económicas y sociales existentes entre los peruanos, combatir la impunidad y fortalecer las instituciones democráticas y el respeto a los derechos humanos.
Como es conocido por todos, esta alternativa solo obtuvo poco más de 76,000 votos en la elección. No se pudo traducir en votos lo que representaba una real alternativa de cambio, elogiada incluso por conglomerados empresariales como la CONFIEP y respaldada con su voto por personalidades como Salomón Lerner Febres o Rosa María Palacios. Faltó sin duda, un trabajo de base indispensable para la construcción de cualquier proyecto político, cuestión demostrada por las votaciones presidenciales y parlamentarias de aquellas agrupaciones que superaron el 1% de la votación. Será tarea de quienes optamos por una opción de izquierda moderna – como también de todo aquel grupo político, sea de centro o de derecha – realizar un trabajo más cercano a la población y una vida partidaria que traduzca en hechos el trabajo que un buen plan de gobierno planteó al país.
La lección de esta elección ha sido clara: es importante el crecimiento económico, pero no es suficiente para eliminar las grandes brechas sociales, la exclusión y la discriminación imperantes en nuestra sociedad. Las dos décadas de violencia que vivimos al final del siglo pasado no fueron más que el corolario de nuestro fracaso como sociedad para construir relaciones igualitarias y pacíficas. El fracaso de la derecha (o, si les gusta llamarlo así, centro -–derecha) representada por Lourdes Flores Nano en estas elecciones fue no entender a cabalidad este panorama y el de buena parte de sus votantes y medios de comunicación que la apoyaron el cerrar los ojos frente a un país que reclama una mejora en su calidad de vida.
Así llegamos a este momento, el de la segunda vuelta, con dos opciones que tenían, paradójicamente, el más alto voto en contra, Ollanta Humala y Alan García, pero que, gracias a su trabajo político y a sus planteamientos de campaña convencieron a dos importantes sectores de la población y pasaron a la segunda vuelta.
Como ya lo hemos documentado, la campaña de la segunda vuelta no se caracterizó precisamente por delimitar cómo iban a sustentar sus propuestas de cambio ni en como deslindar la mala imagen que arrastraban. Todo lo contrario, la segunda vuelta se convirtió en el festival del psicosocial, de cómo meter más miedo sobre el otro antes que de explicarnos propuestas. Incluso la violencia afloró por varios momentos, tanto verbalmente como con piedras, lanzamiento de verduras e incluso balas.
Este clima ha hecho más difícil para quienes no votamos por alguna de las dos personas que pasaron a la segunda vuelta optar por alguna de las opciones. A ello se suma la andanada de llamadas telefónicas, conversas en las reuniones con la familia y los amigos, reuniones ex profeso en el trabajo para intercambiar opiniones sobre el voto, correos electrónicos de todos lados y de todas las posturas y hasta posiciones de profesores en la Universidad. En suma, tal caos informativo y/o mediático que solo yendo a una montaña o a un solitario parque de Lima podremos decidir, sin que nadie nos jorobe la paciencia, que haremos a la hora de ir a la cámara secreta.
Como no votaré por Ollanta Humala, por razones harto expuestas durante esta campaña electoral, así que mis opciones se reducen a dos: o viciar el voto (ya incluso hasta había elegido que iba a poner) o votar por Alan García.
Para hacer más complicada la decisión, no sufro de aquella patología política peruana llamada “antiaprismo”, algo que a muchas personas inculcan desde la cuna. Discrepo en muchas cosas del aprismo y de sus vaivenes históricos e ideológicos, pero no dejo de reconocer en Haya de la Torre, Prialé, Luis Alberto Sánchez y otros líderes históricos del APRA a políticos honestos y de trayectoria relativamente sólida, lo cual no es poca cosa en la ciénaga que muchas veces fue y es el espectro político en el Perú.
Era niño en el gobierno de Alan García y si bien en mi casa no faltó nunca que comer ni las comodidades, también tuve que hacer colas, probar el rancio sabor de la leche Enci, ganarme con los apagones y oler el agua podrida que en alguna ocasión salió por Lima. Ya más adelante, por lecturas y por propio convencimiento personal, tuve el panorama mas claro: ese gobierno fue un desastre. Y lo fue no sólo por la hiperinflación y los hechos que he reseñado antes, sino también por el error que constituyó en García su poca capacidad de controlar a las Fuerzas Armadas en plena guerra interna (el Frontón, el comando que lleva el nombre de un mártir y Cayara son los hechos mejor documentados de la negligencia y falta de autoridad democrática frente al poder militar), por dejar que Sendero creciera como creció y, sobre todo, por haber condenado al partido más antiguo del Perú a un pesado estigma, tanto de ineficiencia como de acusaciones de corrupción y toma del Estado cual botín de piratas.
También es cierto y no hay que negarlo, que García sí tuvo algunos aciertos: retrocedió ante la presión popular frente a la estatización de la banca, respetó la libertad de prensa, construyó Chavimochic – proyecto que permite algo del boom agroexportador del norte –, creó el GEIN que luego capturaría a Abimael Guzmán y se fue a los 5 años de gobierno respetando el mandato constitucional. Sin embargo, el balance de su gestión arroja un importante saldo negativo.
Creo que, en términos económicos, García parece haber aprendido la lección. Su plan de gobierno no plantea cuestiones que desfinancian el presupuesto y existen los suficientes candados institucionales para que no cometa los mismos groseros errores de su primera gestión. Ello se podrá complementar con la fiscalización que gremios empresariales y de trabajadores, así como los economistas y ciudadanos en general, hagan de su gestión económica.
Sin embargo, donde no parece haber aprendido la lección (o no del todo) es en el campo de la lucha contra la impunidad, tanto contra la corrupción como contra las violaciones a los derechos humanos.
Frente al comunicado emitido por una serie de personalidades, García respondió con una maniobra táctica: presentó un documento en la que propone medidas interesantes para combatir la corrupción a largo plazo, pero evitó pronunciarse sobre el fortalecimiento del Poder Judicial, la continuidad del trabajo del equipo de Procuradores Anti Corrupción y el futuro del empeño en extraditar a Alberto Fujimori.
Y hasta el momento Alan no ha hecho un compromiso relativamente serio con la defensa de los derechos humanos. Si bien ha declarado que cumplirá con las reparaciones individuales a las víctimas de la violencia, no ha reconocido hasta el momento la existencia del comando paramilitar que llevó el nombre de un mártir aprista, sigue propugnando la pena de muerte para los violadores y no ha deslindado claramente de las posiciones de su primer vicepresidente, Luis Giampietri, autor de frases como esta:
"Sendero ha promovido como medio de acción directa en sus fines a la Comisión de la Verdad, iniciativa de Abimael, apoyado por la izquierda huevera y las ONG Justicia Viva, IDL y otras organizaciones de derechos humanos vigentes en el Perú y el extranjero. Inexplicablemente están siendo apoyados económicamente por el gobierno norteamericano a través del USAID. Estas organizaciones han reemplazado a las de "abogados democráticos" en sus funciones, dirigiendo y coordinando las defensas y acusaciones de los terroristas a las Fuerzas Armadas". (La Primera, 20/05/2005).
Estos, a mi entender, son argumentos suficientes para dudar sobre el voto por Alan García, además de su escaso compromiso en campaña con planteamientos que implique la reforma de instituciones tan importantes como el Congreso de la República o el Poder Judicial.
Sin embargo, pienso que el Perú no puede perder lo poco avanzado en estos 6 años de democracia: instituciones que, aunque imperfectas, se han mantenido funcionando, libertad de expresión irrestricta, crecimiento económico que aunque insuficiente es indispensable para conseguir el bienestar, apertura comercial y aumento de las exportaciones, planes de vivienda reconocidos por todos y un boom agroexportador en la costa peruana.
Comparto los sentimientos de quienes quieren votar en blanco o viciado. Ciertamente, ninguna alternativa me parece lo suficientemente completa para encarar los retos que se vienen. Sin embargo, a pesar de todos los peros y limitaciones señaladas, García y el APRA nos pueden dar la oportunidad de discrepar en libertad, de proponer nuestras observaciones y críticas e incluso de conseguir ciertos cambios. En cambio, con personas tan poco proclives al diálogo, comenzando por su candidato presidencial, el humalismo se convierte en una opción que, además de autoritaria, nos haría perder muchos de los avances que he señalado anteriormente.
Mi voto será, por tanto, por el Partido Aprista. Pero ello no implica que deje de vigilar lo que se haga, por lo que, en base a lo que hemos venido planteando a lo largo de la campaña, fiscalizaremos, de manera principal, los siguientes puntos de la gestión de Alan García, en caso salga elegido:
- Respeto a la Constitución y al Estado de Derecho.
- No consagración de la pena de muerte
- Reforma integral del Poder Judicial, sobre la base de las recomendaciones de la CERIAJUS
- Cumplimiento del paquete de recomendaciones planteadas por la Comisión de la Verdad y Reconciliación.
- Fortalecimiento del sistema de procuradurías anticorrupción. Adoptar una política integral contra la corrupción, en particular aquellos que se generen dentro del propio gobierno
- Reajustar el proceso de descentralización y promover la formación de “macroregiones”.
- Austeridad en el gasto y viajes, así como evitar los “compañerismos”.
- Reforma policial, sobre la base de las recomendaciones de la Comisión de Modernización de la Policía Nacional.
- Sujeción de las Fuerzas Armadas al poder civil. Ministro civil en la cartera de Defensa.
- Política de seguridad ciudadana que no implique la sobrecriminalización y que incida en los aspectos preventivos y la reforma del sistema penitenciario.
- Manejo macroeconómico y financiero estable.
- Reperfilamiento de la deuda externa
- Relación de neutralidad frente al capital, sea peruano o extranjero.
- Reforzamiento de los organismos reguladores de los mercados.
- Firma del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, dando compensaciones y procurando la reconversión agraria.
- Respeto a los derechos laborales y fortalecimiento en funciones y presupuesto del Ministerio de Trabajo
- Fortalecimiento y ampliación de los programas de vivienda existentes.
- Obtener la calificación de “grado de inversión”
- Reforzar la autonomía de la Contraloría General de la República.
- Establecer un Centro de Planeamiento Estatégico
- Mejorar los sueldos y salarios públicos, dentro de lo que el equilibrio fiscal permita.
- Creación de una entidad administrativa de los programas sociales y mejorar su gestión.
- Reforma tributaria que implique la eliminación de impuestos antitécnicos, simplificar trámites y permitir el acceso al sector formal de quienes no lo estén.
- Explicar las ventajas de privatizaciones y concesiones antes de hacerlas.
- Aumentar el presupuesto de los sectores Salud y Educación, en las metas planteadas por el Acuerdo Nacional.
- Mejorar la calidad educativa, a través de la creación de una entidad que dicte las políticas educativas.
- Dar mecanismos de evaluación de la calidad docente y sus resultados.
- Facilitar el acceso a los programas de planificación familiar.
- Aumentar la cobertura de salud, sea por medios públicos o privados.
- Acordar con las empresas dedicadas a minería e hidrocarburos condiciones que permitan una participación en las sobreganancias obtenidas por los precios del mercado internacional.
- Defensa del medio ambiente.
- Ejercer labor de árbitro en los conflictos entre minería y comunidades.
- Consolidar la imagen del Perú en el exterior como país independiente de cualquier ingerencia, democrático y con garantías para la inversión.
- Consolidar los esfuerzos para una Comunidad Sudamericana de Naciones.
- Resolver los temas pendientes con Chile y la adhesión a la Convención de Mar.
- Prevenir los impactos ambientales nocivos.
- No recurrir a la violencia como medio de práctica política.
Que luego del domingo, optemos por quien optemos o si optamos por votar en blanco, trabajemos todos juntos para salir adelante y fiscalicemos a quienes nos gobiernan. Formemos agrupaciones políticas que permitan ser alternativas de gobierno mejores que las presentadas en esta elección.
En suma, comprometámonos con el Perú.


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